jueves, 3 de septiembre de 2009

Entre cuatro paredes


Tras la cuatro paredes de mi habitación y escondida en mi soledad. Mi ventana es la única que me abre al mundo. Fiel ante esa realidad que me aterra. Esa tan extraña realidad de la que huyo día a día.


Mis miedos y temores me aplastan. Esa pequeña luz que llega a mi habitación permite que mis ojos se queden impactados. El Hotel Westing Libertador me intimida con su presencia. Su esbelta figura es la envidia de todos. Es único y lo sabe.


Interrumpida por esos chillidos. Me interno bajo la cama. Ya estoy cansada. No doy más. Y sigo esperando el momento de enfrentar mis miedos.


Mis pensamientos fluyen y no puedo con ellos. Sigo sola. Maullidos anuncian una serie de celebraciones sobre mi techo. Como niños, los gatos rebolotean. Y no hago nada.


Y sigo. Me asomo. Observo.

Y me siento como una espía. No doy más. Y me dejo caer, lentamente. Sé que nadie sabe de mi presencia, pues ni yo se si existo.

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